Todos los artículos de Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

La grasa que adelgaza es marrón (y le gusta el frío)

Si todo tiene su contrario, la grasa no iba a ser menos. Sólo que, en este caso, su contrario parece llevar su mismo nombre. En general, las células de la grasa considerada normal – de un color blanquecino – funcionan como un depósito al que se acude cuando más energía se necesita, como durante un ejercicio continuado. Las de la grasa parda (o marrón) son, sin embargo, un tipo muy peculiar. No producen energía para que el cuerpo la use, sino calor.

Ritmos biológicos (1): relojes por todas partes (con cronoterapias, jet-lag, búhos y alondras)

Estás en un concierto. El batería marca imperturbable el compás y tú sigues el ritmo dando golpes al suelo con el pie. Lo haces inconscientemente, aunque en algún momento te percatas de lo que haces y te sorprendes ligeramente. Lo que no piensas en ese momento es que dentro de ti millones de relojes están marcando otro compás, que en general dura unas veinticuatro horas y que altera los compases periódicamente para que sepas cuándo debes dormir, la temperatura que debes marcar, cuándo tienes que comer.

Ritmos biológicos (2): los relojes, la epigenética y…¿el vino?

La naturaleza, nosotros incluidos, genera ritmos por doquier. En nuestro caso, un conjunto de ellos son los que reciben el nombre de ritmos circadianos (del latín: alrededor del día), que oscilan con una periodicidad de unas 24 horas (pero que no son nuestros en exclusiva: los presentan el resto de animales, las plantas e incluso las algas y las bacterias).

Vacunas para todos los gustos (cáncer, alzhéimer, infartos, obesidad o drogas)

Numerosas investigaciones buscan dar un giro que podríamos considerar en cierto modo radical. Lo que buscan es diseñar vacunas que nada o poco tienen que ver con las hasta ahora conocidas: vacunas que no se dirigen contra virus o bacterias, sino que lucharán contra el cáncer, el alzhéimer, el tabaco o los infartos.

La creatividad, o cómo soñar un anillo para el carbono

“Una tarde de verano estaba regresando en el último bus a través de las calles desiertas de la ciudad. Iba sentado en el exterior como era mi costumbre…. cuando caí en una especie de ensueño, y he aquí que los átomos comenzaron a brincar ante mis ojos. Hasta ese momento, cada vez que estos seres diminutos habían aparecido ante mí, lo habían hecho en movimiento.” Kekulé.

¿Comemos información? Hallado ARN de plantas en humanos

Científicos chinos han visto que en nuestro interior también tenemos ARN vegetal, concretamente un tipo de ARN conocido como microARN. Es decir, que cuando comemos verduras, o cereales, por ejemplo, algo tan intrínseco de ellos pasa a formar parte de nosotros, y además sigue actuando en nuestro interior.

Electricidad contra la ‘tristeza’

Una de cada cinco personas sufrirá una depresión a lo largo de su vida. De éstas, una de cada cinco terminará no respondiendo a ningún tipo de tratamiento. Es lo que se conoce como depresión mayor resistente. Ahora, una técnica de estimulación eléctrica parece ofrecer una cierta esperanza.

HeLa: la historia de unas células inmortales

Ésta es la historia de unas células inmortales. O de lo que muchas veces es lo mismo: de una línea celular. Y si muchas historias contienen en realidad varias, ésta contiene al menos tres líneas que se suceden y que se entrelazan: las células, las personas, el debate.

El futuro de los trasplantes: esculturas rellenables

El hospital Gregorio Marañón ha iniciado un proyecto para desarrollar corazones bioartificiales. Tras ‘vaciar’ varios corazones de donantes, ahora se rellenarán con células madre de los propios pacientes. En caso de éxito, se conseguiría aumentar el número de órganos disponibles, disminuyendo las posibilidades de rechazo.

¿Para qué sirve leer? La utilidad de la ficción

El año pasado, un grupo de la Universidad de Washington publicó un artículo llamativo, pero en el fondo no alejado de la intuición: en su estudio escogieron 28 participantes y les dieron a leer un texto de ficción. Mientras, analizaban por resonancia magnética las partes del cerebro que más trabajaban al leer. Las conclusiones, contundentes: los lectores no eran sujetos pasivos, en ellos se activaban las mismas áreas cerebrales que cuando vivían la “realidad”.