Entre uno y dos metros, la distancia de rescate

La distancia de rescate es una distancia inversa a la de seguridad. Nuestra libertad termina ahora a más de un metro de los demás.

 

  • La vida transcurre ahora entre uno y dos metros de distancia. Esa medida, que a veces puede parecer arbitraria, viene ya de la década de 1930. En ese entonces William Wales, un investigador de Harvard, observó que las gotitas que expulsamos al hablar o toser tienden a caer antes de alcanzarla. Él estudiaba la tuberculosis, pero lo que vio parecía cumplirse también con otros microorganismos. Ahora, un estudio acaba de analizarlo con el nuevo coronavirus. A un metro la probabilidad de contagiarse parece disminuir un 82%, y la eficacia de la medida se dobla a los dos metros. Aunque aún no sepamos ni cuál es la dosis infectiva y aunque influyan otros muchos factores a la vez, separarse es sin duda ahora mismo una buena opción.
  • Hay una película que describen como para adolescentes y que se titula “A dos metros de ti”. No la he visto pero leo el resumen con todos los spoilers que le preparan en Wikipedia. Trata de dos pacientes con fibrosis quística que se enamoran pero tienen que mantener constantemente la distancia de seguridad: la enfermedad afecta a los pulmones y una infección podría ser fatal. La atención selectiva me hace pensar en este párrafo que acabo de leer del libro “Pájaros de América”, de la escritora Lorrie Moore. No sé cuántas paradojas se encierran ahí dentro:

«El hijo de Cal, Eugene, tiene fibrosis quística. Toda la vida de Eugene es una competición con la investigación médica.

—No tengo nada contra las artes —dice Cal—. Tú estás aquí. El dinero para el arte te ha traído hasta aquí. Es maravilloso. Es maravilloso verte después de tantos años. Es maravilloso que financien las artes. Es maravilloso. Tú eres maravillosa. Las artes son fantásticas y maravillosas. Pero en serio: propongo que demos todo el dinero, hasta el último jodido céntimo, a la ciencia».

  • El ADN de cada célula humana mide dos metros si se desenrolla. Dos metros. Uno podría pensar que hay un guiño de la naturaleza ahí: las instrucciones para la vida tienen la longitud exacta que ahora debe separarlas. Pero es otra vez la atención selectiva haciendo de las suyas. Mientras se escribe este artículo la distancia de dos metros que se exigía ha pasado a ser de uno y medio y la imagen ya no encaja como lo hacía. Seguimos haciendo necesariamente un doctorado en la indefinición.
  • Hay una novela corta de la escritora argentina Samanta Schweblin que se titula “Distancia

    Distancia de rescate, Samanta Schweblin

    de rescate” y que la narradora define así:

«Yo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo “distancia de rescate”, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería».

La distancia de rescate es una distancia inversa a la de seguridad. Tiran en sentido contrario hasta encontrarse a veces, quizá, a 1.5 o a 2 metros de ti.

  • El primer concurso de salto de altura se hizo en 1827. El ganador fue Adam Wilson y saltó 1.57 metros. Hasta 1912 no se superaron los dos metros. Lo hizo George Horine, aplicando por primera vez la técnica del “western-roll”. Saltaba en tijera pero juntaba las piernas en el aire.

    Cartel informativo en California

  • Veo una imagen de un cartel informativo en el condado de Ventura (California). En Estados Unidos la distancia recomendada es de 6 pies (1,8 metros, aproximadamente). La analogía que usan para representarla es la de unos esquíes en la parte del cartel en inglés, la de tres cajas de verduras en español. Las figuras humanas de esta última parte no tienen facciones.
  • La palabra metro viene del griego metrón (medida), pero su historia como unidad empieza en 1792. Entonces, la Academia de Ciencias de Francia la definió como la diezmillonésima parte de la distancia que separa el polo norte de la línea del ecuador, a través de la superficie terrestre. Para estimarla calcularon por triangulación la distancia entre Dunkerque y Barcelona, pasando por París. En 1960 se estableció en base a la longitud de onda de un tipo de radiación emitida por un átomo de kriptón 86. Ahora se calcula en base a la velocidad de la luz.
  • Leo un texto que escribe Bob Pop en la revista La Marea y que titula “La verdad de nuestro cuerpo”. En un momento dice así:

«Funcionamos como contenedores víricos, portadoras y portadores de la enfermedad. Nuestra libertad ya no termina donde empieza la libertad de los demás. Nuestra libertad termina mucho antes: a un metro de distancia de los demás.

La verdad nos hará libres.

La verdad se come las mentiras igual que el cocodrilo se come la luna».

Me encanta —aunque no tengo claro dónde terminaba la libertad ni dónde debía hacerlo— y aun así me permito apostillar desde la distancia: a metro y medio. O dos.

  • La gran mayoría de la población adulta mide precisamente entre un metro y medio y dos. Es útil la analogía con la distancia de seguridad. Si alguien tose por la calle yo, puntualmente neurótico, proyecto mi metro setenta en horizontal para saber si era suficiente el espacio que nos separaba.
  • «Se anuda la distancia de rescate, tan brutalmente, que por un momento dejo de respirar».

    *

    (Este artículo es una colaboración con Tercer Milenio del Heraldo de Aragón, donde fue publicado originalmente)

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

  1. por si fuera poco el individualismo la competencia, la agresividad,la urgencia del premio c etque genera el uso habitual y durante mucho, los videojuegos, ….

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *