Ciencia, colaboración y ciudad: una revolución contra el alzhéimer

Una visita a la fundación Pasqual Maragall -un ejemplo de colaboración científica y ciudadana- sirve para exponer el fracaso de los fármacos probados en los últimos años contra el alzhéimer y cómo se ha gestado un cambio de visión sobre la enfermedad: un cambio que se dirige a estudiar sus fases más iniciales para que los fármacos logren atajarla desde ahí.

Esta es la primera colaboración de Jesús Méndez con la plataforma Barcelona Science Corner de la Diputación de Barcelona, donde fue publicado originalmente.

*

Lo primero, la realidad actual: “El alzhéimer es una enfermedad muy cruel, que va degradando a la persona en su progresión hacia la incapacidad. Y para la que no hay ningún tratamiento eficaz. Lo único que existe es que haya alguien dispuesto a cuidarte”. Ese es un posible resumen de la situación a día de hoy, formulado por alguien que lleva diez años tratando de cambiarla. Es Jordi Camí, director general de la Fundación Pasqual Maragall contra el alzhéimer.

Justo después, motivos para la esperanza: “Cuando diagnosticamos a una persona con alzhéimer, la enfermedad lleva ya años desarrollándose”, comenta. “El cerebro se busca la vida para aparentar que funciona, y lo hace muy bien, pero es como un edificio con aluminosis. Y la ciencia no es capaz de reparar un edificio cuando ya se cae. Ahora nos estamos centrando en un nuevo enfoque, estamos investigando en prevención, estamos en el momento de descubrir el proceso inicial de la enfermedad”. Es ahí donde sí podrían funcionar los fármacos que hasta ahora han fracasado, u otros nuevos que se están desarrollando. “Estoy seguro de que antes conseguiremos reducir el número de personas que llegan a estar enfermas que curar a los que ya tienen síntomas”, asegura Camí.

Nos recibe en su luminoso despacho, en el primer piso de la fundación, justo a un lado del parque de la Ciutadella. La conversación es un viaje por el drama del alzhéimer y el optimismo en que suelen basarse el conocimiento y la investigación. Es también un viaje por la historia de una fundación con miles de socios y voluntarios, que nació del drama pero también de la oportunidad, que se nutre de la colaboración.

Edificio de la fundación Pasqual Maragall al lado del parque de la Ciutadella

La enfermedad de Alzhéimer, un mal aún muy desconocido y en aumento

Los números son desasosegantes. Ahora mismo, “entre el 7 y el 10% de los mayores de 65 años tiene algún tipo de demencia, sobre todo alzhéimer”, constata Camí. Y el porcentaje se dispara a partir de los 80. En ausencia de tratamientos eficaces, el futuro estremece. Se trata de una enfermedad asociada al envejecimiento —el principal factor de riesgo es, simplemente, la edad— y con el aumento de la esperanza de vida la proyección de las gráficas se dispara. Camí busca una diapositiva y la muestra en el ordenador. Las curvas se dilatan en la figura: “la estimación es que para el 2060 se doble la población mayor de 65 años, y que se triplique la de 80”.

Pero, ¿qué es el alzhéimer? Esa enfermedad que va destruyendo la memoria, el cerebro y la identidad es, básicamente, el proceso por el que “algo que no conocemos bien, pero que parece tener que ver con la inflamación, termina formando placas de amiloide”, describe Camí.

Estas placas, esos extraños acúmulos de proteína amiloide son —junto con los de otra llamada tau— los distintivos de la enfermedad. No hay alzhéimer sin amiloide, y las mutaciones que en unas pocas personas conducen indefectiblemente a desarrollarla tienen que ver con él. Durante años no había duda de que, si consiguiéramos reducirlo o eliminarlo, habría un tratamiento eficaz.

Pero todos fracasaron. “Estamos llegando muy tarde al tratamiento”, asegura Camí. Además, “es probable que haya varios tipos de alzhéimer, como hay muchos tipos de cáncer”. De ahí que se proponga dos grandes deberes: “por una parte, debemos entender mejor la historia de la enfermedad, desentrañar el puzle, descubrir qué la causa pero también por qué en unos casos evoluciona y en otros no; por otra, debemos probar los fármacos que fracasaron mucho antes, cuando la enfermedad aún no se ha manifestado”.

Esos deberes son los que quiere completar —junto con otros— el estudio Alfa, la perla de la fundación.

Estudio cerebral mediante resonancia magnética realizado en la fundación

La esperanza: proyectos para un cambio de paradigma

El estudio Alfa es uno de los ejemplos más grandes ahora mismo en el mundo del cambio de visión que opera sobre el alzhéimer: no recluta voluntarios enfermos, sino sanos, sin ningún indicio de la enfermedad. Divididos por grupos, a todos ellos se les pasan encuestas y tests neuropsicológicos, se les hacen pruebas sanguíneas y genéticas, así como resonancias magnéticas buscando marcadores de evolución. A algunos, además, se les toman muestras mediante punción lumbar o se les estudia mediante PET —tomografías por emisión de positrones—, que evalúan la cantidad y depósito de las proteínas anormales. A todos se les seguirá durante años. Es algo similar a lo que se hizo desde mediados del siglo XX en Framingham, una pequeña ciudad de Massachusetts. Ese proyecto, aún en marcha, permitió descubrir la asociación del tabaco, la hipertensión o incluso el colesterol con la enfermedad cardiovascular, lo que acabó dando lugar a que aparecieran fármacos como las estatinas (…)

*

Seguir leyendo el resto del reportaje en la Plataforma Barcelona Science Corner.

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *