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Seis reacciones (incontrolables) del cuerpo humano

Hay situaciones en las que el cuerpo se nos va de las manos y reacciona sin que tengamos ningún tipo de control sobre él. Estas reacciones nos pillan por sorpresa, y nos trasladan a un mundo maravilloso donde, sin embargo, todo tiene explicación. Esto es lo que dice la ciencia sobre seis reacciones comunes mas igualmente fascinantes.

Cuando queremos mover un dedo, lo movemos. Si queremos ir a un sitio, nuestros pies responden y con más o menos gracia logramos alcanzar el objetivo deseado, y si de repente nos da por guiñarle un ojo a alguien, sin problemas, lo logramos (la mayoría). Pero también hay situaciones en las que el cuerpo se nos va de las manos y reacciona sin que tengamos ningún tipo de control sobre él. Estas reacciones nos pillan por sorpresa, y nos trasladan a un mundo maravilloso donde, sin embargo, todo tiene explicación. Esto es lo que dice la ciencia sobre seis reacciones comunes mas igualmente fascinantes.

1. Tiene la piel de gallina (o “pelos como escarpias”, según el gusto)

O bien alguien ha decidido que la calefacción estaba muy alta y ha abierto la ventana o se ha sentido amenazado. En ambos casos, usted tiene una piloerección, y los músculos asociados a cada uno de los pelos de su piel se han contraído.

“La piel de gallina es un fenómeno fisiológico que nos protege del frío aumentando la capa de aire encima de la piel y, por lo tanto, el aislamiento. Es el equivalente a ponerse un jersey”, explica Josep Tur, catedrático de fisiología de la Universidad de las Islas Baleares. En el segundo caso, el de sentirse intimidado, la intención de su fuero interno no es mantener el calor corporal, sino parecer más grande y peligroso. Según el profesor, “ya hemos perdido mucho pelo respecto a otros primates, así que la piloerección no nos hace parecer tan feroces como ellos o como cuando un gato se eriza, pero es la misma respuesta a un estímulo exterior potencialmente dañino”.

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Seguir leyendo el resto de reacciones en Buena Vida, suplemento del periódico El País.

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Publicado por Marta Palomo

Investigadora postdoctoral y periodista científica

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