ESOF y Hans Rosling: Una historia en cada punto de la gráfica

Crónica de una de las charlas celebradas en ESOF 2014, en Copenhague, acerca del valor de los datos y la estadística a la hora de tomar decisiones globales.

Este post fue publicado originalmente en el blog de Tercer Milenio.

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No es un congreso científico al uso, pero es uno de los mayores que se celebran. Gracias a la organización, Tercer Milenio, y por extensión Dixit Ciencia, tuvieron su “corresponsal” en ESOF (siglas de Euroscience Open Forum), una reunión científica bienal que esta vez se celebró en Copenhague y a la que acudieron más de 4.000 personas entre científicos (incluidos varios premios Nobel), políticos (como Durão Barroso), o periodistas (como Tim Radford) tratando de establecer lo que en esta ocasión era la base del lema escogido: puentes. Entre la ciencia y la sociedad, entre la ciencia y la educación, entre los investigadores y la sociedad, entre los investigadores en sí.

 (Añadan el puente que quieran.)

Con la vuelta de Tercer Milenio tras el verano publicaremos un reportaje con algunas de las cosas más importantes que allí sucedieron. Mientras, aprovechando el blog, escribiremos sobre algunas de las charlas que nos merecieron especial atención. Esta primera la pronunció Hans Rosling, la tituló “A fact based world view” (Una visión del mundo basada en hechos) y tiene que ver con la representación de datos y cómo puede o debería influir en la toma de decisiones.

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Aparece medio desgarbado y no tarda en usar un anacrónico y casi circense puntero de más de cinco metros para señalar en la pantalla aquello que quiere destacar. Pero es parte del juego. En realidad, Hans Rosling es un médico y estadístico sueco, consejero de UNICEF o de la Organización Mundial de la Salud, entre otras muchas fundaciones, y fue elegido en 2012 por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo. Trabajó durante muchos años en África, donde dio nombre al konzo, una enfermedad paralizante que tiene lugar en regiones especialmente pobres. Pero, preocupado especialmente por cuestiones de demografía, lo que le ha hecho más conocido es un programa de visualización de datos al que llamó Trendalyzer, una herramienta particular que ha sido incluso adquirida por Google para perfeccionarla.

Pueden entrar a verla y a jugar con ella aquí. Básicamente es un programa de visualización de datos de forma animada e interactiva, que en el fondo funciona como una película de la evolución de los países en los últimos 200 años. Que usa información proveniente de las más variadas fuentes e incluye más de 500 tipos diferentes de datos; datos que tienen que ver con nacimientos, mortalidad, energía, agricultura, salud… Y que, como Rosling afirma, deberían servir para tomar decisiones basadas en hechos. Porque muchas veces la información está disponible. Pero hay que saber leerla.

O verla.

La evolución de la población en rollos de papel higiénico 

Una de las principales preocupaciones de Rosling es la evolución de la población mundial, el crecimiento que no se detiene y que puede suponer una amenaza para la viabilidad en el futuro. Es por ello que se pretende que no se superen los 8.000 millones de personas. Pero eso Rosling lo ve imposible. “A no ser que empecemos a matar a gente. Y eso no está permitido”

(bromea)

Y para explicarlo usa literalmente diez rollos de papel higiénico (vean del minuto 23 al 25 de la charla). En las condiciones actuales, y considerando una natalidad global de 2 hijos por pareja (lo mínimo para que la población se mantenga más o menos estable), en 70 años habrá (como si aparecieran de la nada) 3.000 millones de personas más en el mundo. Esta especie de paradoja es lo que se conoce como el “population momentum”, y explica por qué el crecimiento actual de la población no se debe a que vivamos más tiempo. Algo que, según Rosling, muchos deberían conocer pero desconocen.

Para lo que sí usa la visualización de datos es para exponer la intrahistoria de situaciones que tienen que ver con el control de natalidad. Si pinchan aquí pueden hacer el recorrido de la natalidad en China, Japón y Taiwán. En 1978 China instauró la política del hijo único, cosa que no hicieron Japón o Taiwán. Sin embargo, el número de hijos en China es de 1,7 y en Japón o Taiwán de 1,3.

(¿1.7? “El dormitorio tiene más fuerza que la política”, sonríe Rosling.)

Pero hay dos hechos que permiten en cierto modo explicarlo, al menos lo de Taiwán y Japón. (Los datos se necesitan para la puesta en relieve, a partir de ahí es necesaria la interpretación). Por un lado, y en general, a mayor desarrollo de un país menor natalidad. Por otro, la cultura. Rosling comenta una conversación que tuvo con una alta ejecutiva taiwanesa, de 37 años, soltera y sin hijos.

–  ¿No has pensado en tener hijos?

–  Constantemente.

–  ¿Entonces?

–  En lo que no puedo pensar es en tener un marido.

Y no puede pensar porque a las mujeres casadas se les supone que deben dejar el trabajo, cuidar al marido e incluso a los padres de él. Y “por supuesto” no divorciarse.

Y así no hace falta un gobierno para controlar la natalidad.

Pero Rosling apunta otro hecho especialmente relevante. Si lo que preocupa del aumento de la población es el consumo de recursos que supone, entonces las políticas no deben ser iguales en cada territorio. Aunque a mayor desarrollo de un país menor tiende a ser la natalidad, hay un hecho curioso e importante. Dentro de los países ricos, tienen más hijos los habitantes de aquellos que son especialmente ricos. Y cada niño de estos países consume muchos más recursos de los que consume un niño de un país subdesarrollado. Si lo que preocupa es la falta de recursos habría que intentar disminuir ese “excedente” en los países ricos, no aplicar políticas de control igualitarias en todo el mundo. Porque, además, en los países pobres lo que habría que evitar no sería directamente la natalidad, sino la pobreza. Evitando esta, y en palabras de Rosling, “se permitiría a la gente hacer lo que quiere hacer, y la natalidad bajaría”.

Y para explicar estas últimas palabras, la siguiente fotografía:

historia

Supongamos que la carretilla es la revolución industrial. Antes de ella la mujer necesitaba (muchos) hijos para traer el agua. Con la “revolución” ella misma puede recoger bidones para toda la familia. Y esta no solo no necesita ser tan extensa, sino que además tendrá tiempo para ir a la escuela.

O también: una historia moviéndose en cada punto de la gráfica.

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

  1. […] (Este es el segundo texto que publicamos a partir de las conferencias que tuvieron lugar en el congreso ESOF, en Copenhague, donde estuvimos como corresponsales de Tercer Milenio. La primera, “Una historia moviéndose en cada punto de la gráfica”, la puedes ver aquí o aquí.) […]

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