Crónicas K13 – De seres malvados y verdes a condiciones favorables para la vida en Marte

Ciencia y literatura se dan la mano en la sesión «Tiempo de Marte», dentro de la programación Tercera Cultura del festival Kosmopolis. El periodista Jacinto Antón y los científicos Lara Saiz y Fernando Abilleira alinean su discurso sobre literatura de ciencia-ficción con la historia de las misiones al planeta rojo y los últimos descubrimientos sobre la posible existencia de vida microbiana en el pasado.

Robot Curiosity

«Parece que hace tres mil millones de años en Marte se dieron condiciones propicias para la vida similares a las de la Tierra», explicaba por videoconferencia Fernando Abilleira desde el Jet Propulsion Laboratory de la NASA. Esta afirmación quizá puede parecer un poco descafeinada al lado del repaso sobre los marcianos de la literatura de ciencia-ficción que ofreció el periodista Jacinto Antón en el coloquio Tiempo de Marte del festival Kosmopolis del CCCB. Pero no, nada más lejos de la realidad.

De la mano de literatos y científicos, la humanidad ha soñado siempre con otros mundos en general y con Marte en particular. «¿No os resulta curioso que tengamos muchas caras para los marcianos pero ninguna para los posibles habitantes de Venus u otros planetas?», se preguntaba Antón durante el coloquio.

En el planeta rojo habitan grandes esperanzas y arraigados miedos humanos. Fue el símbolo de la ira y la destrucción para griegos y romanos, y sus habitantes sembraron el terror en la retransmisión radiofónica de la novela La Guerra de los mundos de Orson Welles. Los marcianos invasores eran, según Welles, «inteligencias vastas, frías e implacables que contemplaban esta tierra con ojos envidiosos y trazaban con lentitud y seguridad sus planes de conquista».

El planeta que se imaginó Rad Bradbury, en cambio, en sus Crónicas marcianas era un mundo maravilloso regado por licores y seres de ojos amarillos. Nada que ver con el Marte de Welles ni con las fotos que, a día de hoy, envía la nave Mars Curiosity que se posó en Marte el pasado 6 de agosto superando lo que en la NASA llamaron «Los 7 minutos del terror». «Eso sí que fue un aterrizaje digno de la ciencia-ficción», medio bromeaba por Skype el ingeniero Fernando Abilleira.

Mars Curiosity es la última, pero no la primera nave en posarse en el planeta rojo. Allí donde primero llegaron las plumas de los literatos tardaron un poco más en llegar las primeras sondas espaciales reales, pero llegaron. Lara Saiz, que trabaja en el Complejo de comunicaciones con el espacio profundo en Madrid, explicó en el coloquio que no fue hasta 1965 que la misión Mariner IV se situó a 10.000 km de Marte para enviar a la Tierra 22 fotografías de su superficie árida y estéril y descartar la existencia de los canales de agua que había descrito Percivall Lowell con su telescopio en 1890.

Saiz repasó las misiones y los programas que la NASA ha dedicado a Marte y, ante las citas sobre marcianos de Antón,se encargó de que no quedara duda alguna de que cuando se piensa en vida marciana siempre es en formato microbiano. Que no por no ser grande ni verde es menos emocionante. Si se encontraran evidencias de vida justo en el planeta de al lado significaría que la probabilidad de vida en otros lugares del universo es altísima.

Pero de momento hablamos de microbios, no de inteligencia extraterrestre. Si Marte la alberga alguna vez en el futuro seguramente será cuando una nave transporte humanos al planeta rojo. Quizá entonces la trilogía marciana de Kim Stanley Robinson y el proceso de terraformación pasen de la ciencia-ficción a la realidad.

Ante esa inquietud de Jacinto Antón, el científico Abilleira explicó que la NASA todavía está muy lejos de contemplar una misión tripulada, ya que existen numerosas limitaciones técnicas e impedimentos debidos a la atmósfera de Marte. «Hablaríamos de un viaje de dos años y medio como mínimo, imagínense solo la cantidad de papel de váter que se necesitaría. La nave podría pesar unas 50 toneladas y la Mars Curiosity, que aterrizarla ya ha sido un hito de la tecnología, pesa 900 kg», especificó.

Pero hay otros planes, como por ejemplo misiones que traerán muestras de la superficie de Marte a la Tierra. Estas están programadas para el año 2020 más o menos, y una nave tripulada quizá pudiera materializarse hacia 2033. Las trabas no son solo las limitaciones científicas y tecnológicas, sino las decisiones políticas y el presupuesto.

Marte está ahí, a unos 14 minutos luz de la Tierra. Y la literatura y la ciencia se entrelazan en una simbiosis sensacional para, como escribió Bradbury y terminó el coloquio Jacinto Anton, «seguir soñando con Marte».

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Publicado por Marta Palomo

Investigadora postdoctoral y periodista científica