1+1 = Tercera cultura

La barrera entre la cultura científica y la literaria existe e incluye prejuicios e ignorancia. No sólo por parte de personajes referentes sino en las excusas que damos la gente de a pie.

Quizás el dilema “Ciencias o letras” no sea tan trascendental como el de “Ser o no ser”, pero cambió en algún momento sus relaciones y su manera de ver el mundo y de pensar.

La barrera entre la cultura científica y la literaria existe e incluye prejuicios e ignorancia. No sólo por parte de personajes referentes sino en las excusas que damos la gente de a pie. Que levante la mano quién no se haya escudado alguna vez detrás de un “No, es que yo esto no lo sé porque soy de letras/ciencias”.

Hace más de 50 años, Charles Percy Snow, escritor y físico, dio una conferencia en Cambridge titulada “Las dos culturas y la revolución científica”. Su ponencia crispó los ánimos de los dos bandos implicados y generó polémica durante muchos años. En ella, Snow denunciaba el abismo gigantesco que existía entre estas dos ramas del conocimiento: la científica y la humanista.

“Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes”, contaba Snow. Pero a la vez cuando el físico preguntó por el Segundo Principio de la Termodinámica a los humanistas: “La respuesta fue glacial y también negativa. Y sin embargo lo que les estaba preguntado sería más o menos el equivalente científico de ¿Ha leído usted alguna obra de Shakespeare?”.

Con la intención de solucionar este inútil divorcio entre ciencias y letras el escritor americano John Brockman acuñó en 1995 el término Tercera Cultura, una filosofía que busca mejorar la comunicación intercultural. Este concepto fue protagonista la semana pasada del Kosmopolis. La fiesta de literatura amplificada en el CCCB de Barcelona. Un festival que durante tres días fusionó con cuidado y de manera informal música, bosones de Higgs, literatura, física de partículas, biología, humor… un cóctel holístico de cultura, mezclado pero no revuelto, que funcionó.

A día de hoy, la dicotomía del sistema educativo todavía marca grandes diferencias entre intelectuales científicos y humanistas, pero la tercera cultura existe y cada vez goza de mejor salud. Kosmopolis es una prueba de ello, pero hay más, como por ejemplo, que la ciencia interesa y es noticia, o que libros muy especializados son grandes ventas para el gran público.

Es cierto que las instituciones culturales tienen cierta responsabilidad en afianzar esta manera integradora de ver el mundo. Kosmopolis fue un paso, ni el primero ni el último, pero el camino hacia la tercera cultura es, sobretodo, una opción personal.

Colaboración en: 50×7

mm

Publicado por Marta Palomo

Investigadora postdoctoral y periodista científica