Crónicas K13 – Ciencias y letras se fusionan en Kosmopolis

John Brockman, editor y escritor americano, inventó el término «Tercera Cultura» con la intención de unificar la cultura literaria y la científica. Este año el festival Kosmopolis ha organizado durante tres días actos y espectáculos al hilo de esta filosofía conciliadora.

¿Quién no ha vivido ese momento, como estudiante o como persona, en el que haya tenido que definirse entre ciencias y letras? La conferencia que dio hace más de medio siglo el científico y escritor Charles Percy Snow «Las dos culturas y la revolución científica» ya criticaba la división que existía en el mundo occidental entre la cultura literaria y la científica. Dos mundos separados por una infranqueable barrera de ignorancia y prejuicios: «Son dos grupos polarmente antitéticos: los intelectuales literarios en un polo, y en el otro los científicos. Entre ambos polos, un abismo de incomprensión mutua», exponía Snow hace cincuenta años. Las cosas no han cambiado demasiado.

Las palabras de Snow levantaron en su momento una dura polémica en los círculos eruditos de la Universidad de Cambridge. Hoy en día no hace falta fijarse en los referentes de estos dos universos para darse cuenta de la brecha cultural. ¿Quién no se ha excusado alguna vez con un «no, es que yo soy de letras» para disimular su ignorancia sobre algún tema científico? Y viceversa: los de ciencias no utilizan excusas más originales para disimular su analfabetismo en temas literarios y/o artísticos.

Letras y ciencias deberían formar parte del bagaje cultural de cualquier, ya no personaje intelectual, sino de cualquier individuo, y la edición de este año de Kosmopolis, la fiesta de la literatura amplificada se ha hecho eco de esta necesidad con el programa Tercera cultura. Escritores, poetas, científicos, músicos, cineastas, periodistas, etc., han compartido escenario y actos en este enfoque integrador que Juan Insua, director de Kosmopolis, describía como «terreno rico y mestizo» en la presentación del festival.

Conferencia La caza del Bosón de Higgs

Igual que la literatura no solo es Shakespeare, la ciencia tampoco se reduce a la segunda ley de la termodinámica, y acercarla puede hacerse, por ejemplo, musicando textos de alumnos de secundaria que hablan sobre las propiedades cuánticas de la luz. Es de aplaudir la cita de Bécquer que abandera esta actividad de divulgación científica del ICFO: «Mientras haya un misterio para el hombre habrá poesía», a la que la tercera cultura añade: «y ciencia».

Ciencia no es solo un conjunto de datos incomprensibles y de fórmulas aparentemente antipáticas, la ciencia sirve también de base a obras audiovisuales, como la extensa programación que emitió el Canal Alfa durante los tres días que duró la fiesta. Es también que Jorge Carrión y Nacho Vigalondo acabaran con una cerveza su discusión sobre si la ciencia ficción está mejor tratada en BattleStar GalacticaFringe o en 12 monos. Ni siquiera Roberto Bolaño, otro indiscutible protagonista del festival, se escapó de la fascinación por este género, y en su momento clasificó al novelista de ciencia ficción Phillip K. Dick como «uno de los grandes escritores del siglo xx».

La literatura de ciencia ficción, entre muchas otras cosas, es necesaria para nutrir nuestro imaginario. Allí donde muchas veces llegan primero los narradores —a Marte, por ejemplo— después ponen el pie los científicos o sus artefactos. De esta prolífica relación surgió en Kosmopolis una curiosa conversación sobre seres verdes y malvados y la presencia de vida bacteriana en el planeta rojo que mantuvieron por Skype Fernando Abilleira desde la NASA y Jacinto Antón y Lara Saiz en el coloquio Tiempo de Marte.

La ciencia no solo está en el laboratorio y en la literatura, sino que también tiene su hueco en la prensa. Además del amerizaje de la Mars Curiosity, este año las portadas de los periódicos han abierto con otros dos hitos científicos: el hallazgo del esquivo bosón de Higgs y la descripción de actividad en gran parte de lo que hasta hace poco se conocía como ADN basuraPara hablar del primero se juntaron Sonia Fernández-Vidal, Martine Bosman y Tamara Vázquez-Schröder, esta última desde el propio CERN, el lugar donde hace tan poco se identificó al bosón. Y, en un claro ejemplo de Tercera Cultura, trazaron el viaje de búsqueda de la partícula en paralelo con la del Snark, la misteriosa criatura ideada por el escritor (y matemático) Lewis Carroll. El ADN basura vino de la mano de uno de sus principales exploradores, Roderic Guigó, encargado de moderar un debate sobre la posibilidad de considerar al genoma como un lenguaje literario. Para ello, el también científico Ricard Solé y el escritor Pau Vila buscaron las posibles semejanzas —y las lógicas diferencias— entre dos sistemas que, en el fondo, no dejan de ser dos códigos.

Kosmopolis reunió durante tres días a un público con saberes muy distintos y un interés común: la cultura en todas sus variantes. La brecha entre ciencias y letras es fácilmente achacable al sistema educativo, pero no por ello la sociedad debe resignarse, y así quedó demostrado en estos días de fusión cultural. Del mismo modo que es obligatorio leer a Dickens, debería serlo consultar los escritos de Darwin. Tal vez así nos ahorraríamos algún que otro disgusto, como por ejemplo el resurgir absurdo que está teniendo el creacionismo al otro lado del océano.

Abogar por una cultura completa que integre «ciencias y letras» es hacerlo por una sociedad más sabia, más democrática y con valores más sólidos. Snow terminó su conferencia con una reflexión temporal que instaba a la urgencia: «¿No va siendo hora de que empecemos? El peligro está en que hemos sido educados para pensar como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, pero en realidad tenemos muy poco». Bien, parece que al menos ya hemos empezado.

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Crónica publicada también en la web del festival Kosmopolis.

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Publicado por Marta Palomo

Investigadora postdoctoral y periodista científica