Si te doy la mano, ¿ganaremos… el Mundial? La importancia del contacto físico

El contacto físico es la primera forma de comunicación que aprendemos. Además, libera oxitocina, una hormona de importantes y variadas funciones. Y parece estar detrás de la mejora en los síntomas de personas autistas, en el éxito de algunas parejas… y en el de algunos equipos y selecciones.

SI TE DOY LA MANO, ¿GANAREMOS… EL MUNDIAL?

(y la Eurocopa?)

La importancia del contacto físico.

Aquél debió de ser el primer –y prácticamente el único– día que jugué al béisbol. Ya había fallado dos veces con el bate, y si lo hacía una vez más quedaría eliminado. Justo antes de que me lanzaran la bola una chica de mi equipo se acercó hasta mí, y apoyando una mano en mi hombro me dijo, completamente convencida: vamos, tú puedes. Ya sé que la memoria es selectiva, que recuerda lo que quiere, pero entonces tuve la seguridad de que no fallaría. Y no fallé. Lancé la bola lejísimos (así lo veo ahora), hice la carrera completa y creo que al final mi equipo ganó el partido.

Lo recuerdo con una curiosa intensidad, teniendo en cuenta que apenas volví a coger un bate, que no volví a ver a aquella chica. Esa absoluta seguridad, la sensación del golpeo, la contundencia del contacto con la pelota. Alguna vez me he preguntado si todo ello se debió a su convicción, a sus palabras, a su mano en mi hombro.  

Ahora, un estudio apunta a que esa mano pudo tener bastante que ver. El grupo del doctor Krauss, en Berkeley, ha investigado una posible correlación entre las veces que los jugadores de la NBA chocan sus manos, se abrazan o se tocan entre ellos para animarse y los resultados de sus equipos. El artículo se envió a la revista Emotion , y fue reseñado por The New York Times . Para estudiarlo, los investigadores contaron todos estos contactos a lo largo de un partido de cada equipo, y los resultados fueron sorprendentes: los dos equipos que más se tocaron fueron los Boston Celtics y Los Angeles Lakers , es decir, los equipos que han protagonizado dos de las últimas tres finales. Y los jugadores más tocones fueron, por este orden: Kevin Garnett, Chris Bosch y Carlos Boozer, es decir, tres de los mejores pívots de la NBA, todos ellos integrantes de la selección americana de baloncesto . Estos datos obligan a considerar, sin embargo, ciertos matices.

–         El hecho de que los tres primeros jugadores de la lista sean pívots puede deberse a que este tipo de jugador es el que más depende de su equipo para desarrollar su juego, ya que deben proporcionarles buenos balones interiores, por lo que también serían los más agradecidos. Sin embargo, hay otro hecho que se comenta, y es que sólo 0,6 segundos después de anotar un tiro libre, una acción exclusivamente individual, ¡Garnett ya había establecido contacto con sus cuatro compañeros en la pista!

–         Como los propios autores afirman, el estudio no permite establecer causalidad, es decir, que podría no ser el contacto físico lo que mejorara el rendimiento, sino al revés, y fuera simplemente que los jugadores se abrazaran más precisamente  por tener mejores resultados. Para disminuir el sesgo, los investigadores analizaron también la forma en que los conjuntos manejaban el balón en equipo, para lo cual establecieron la ratio entre asistencias y balones perdidos. Y la correlación se mantuvo: quienes mejor manejaban el balón más se tocaban. En cualquier caso, y a la espera de nuevos estudios más controlados, existen bases para concederle cierta verosimilitud. Así:

Como se afirma en el reportaje de The New York Times, el contacto físico es la primera forma de comunicación que aprendemos. Además, forma parte del lenguaje no verbal, al que se responsabiliza hasta del 70% del total de la comunicación. De hecho, existen estudios  que apuntan a que por el mero contacto se pueden transmitir emociones como ira, miedo, asco, amor, gratitud, simpatía, felicidad y tristeza. Se ha establecido también que un paciente considerará que la consulta del médico ha durado casi el doble si éste le da la mano de una forma amistosa  respecto a si no lo hace.

Y, como cabría esperar, también hay bases biológicas. Se sabe que el contacto físico, como por ejemplo a través de un masaje, estimula la liberación de oxitocina. La oxitocina es una hormona que tiene funciones muy diversas y muy atractivas: se libera, por ejemplo, cuando el bebé succiona durante la lactancia, contribuyendo a afianzar el vínculo madre-hijo. También aumentan sus niveles durante las relaciones sexuales y se ha dado en llamar la hormona de la fidelidad (estudios con ratones parecen sugerirlo ). Y se revela especialmente importante en este caso que su liberación parece inhibir la de cortisol, la principal hormona responsable del estrés. Quizás también por esto las personas nos juntemos. Quizás los jugadores, al abrazarse y animar a sus compañeros se están diciendo: compartiremos esta carga, lo que los lleva a relajarse y a aumentar su confianza y su rendimiento.

Y aún hay más bases y posibles aplicaciones. Diferentes técnicas de masaje o de lo que en inglés se conoce como «touch therapy»  parecen mejorar la sintomatología de personas autistas. Se sabe que en estas personas hay un funcionamiento anormal de la amígdala (un núcleo cerebral relacionado con las conductas instintivas de miedo y rechazo), así como del giro fusiforme (un área implicada en la emoción que sentimos al reconocer rostros), lo que hace que los autistas reaccionen ante las personas como si estuvieran frente a meros objetos. Pues bien, estas técnicas aumentan los niveles de oxitocina en estas zonas cerebrales y parecen mejorar la conducta   de estos pacientes, reduciendo su temor al contacto, aumentando su capacidad de atención y mejorando su calidad de sueño.

Por último, he recordado algo que hace tiempo me contó un amigo, y que confirma la gran relación que hay entre ciencia e intuición. Al parecer, cuando tenía que hablar de algún problema con sus parejas procuraba antes establecer algún tipo de contacto físico: abrazarlas un poco más, darles un masaje. No era una estrategia racional: simplemente sentía que de esa forma la comunicación sería más fácil, mejor. En un trabajo del doctor Oveis, de Harvard, se ha estudiado la frecuencia de contacto físico entre parejas a las que se les pedía que discutieran durante cinco minutos sobre algún problema que hubieran tenido entre ellos: los datos preliminares nos dicen que las parejas que más contacto tuvieron durante esos cinco minutos fueron las que mejor puntuaron cuando se les preguntó por la felicidad de su relación. Obviamente estamos ante el mismo problema que con los jugadores de la NBA, que no sabemos qué fue primero, si la felicidad o el contacto, si el choque de manos o la victoria. Pero posiblemente todo esté bastante interrelacionado, todo contribuya en un círculo en este caso virtuoso. 

O también, que vistos los abrazos que en cuartos recibió Casillas, seguro que el miércoles nos lleva hasta la final.

Post (premonitorio) publicado en julio de 2010 en Tercer Milenio y en el blog 20000caligrafias.

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD