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Crowdfunding en la ciencia: los pequeños mecenas del siglo XXI

La actual crisis económica hace pocas distinciones, y la ciencia está lejos de ser una de ellas. Ante esta situación hay quien ha decidido apostar por la originalidad para paliar en la medida de lo posible sus consecuencias. Se trata del crowdfunding, o micromecenazgo: una llamada a la sociedad en busca de pequeñas aportaciones para proyectos concretos. Esta iniciativa, que lleva años funcionando en la música o en el cine, se dirige ahora a la ciencia con el proyecto Scifund, que nació hace unos meses en los Estados Unidos pero que se extiende a todo el mundo, y en el que han participado tres proyectos con representación española.

Esta es la versión original del artículo Crowdfunding: los pequeños mecenas del siglo XXI, publicado en el suplemento Tercer Milenio y que puedes ver en PDF aquí.

La actual crisis económica hace pocas distinciones, y la ciencia está lejos de ser una de ellas. Ante esta situación, que está paralizando numerosos proyectos y carreras investigadoras, hay quien ha decidido apostar por la originalidad para paliar en la medida de lo posible sus inmensas consecuencias. Se trata del crowdfunding, o micromecenazgo: una llamada a la sociedad en busca de pequeñas aportaciones para proyectos concretos. Esta iniciativa, que lleva años funcionando en la música o en el cine, se dirige ahora a la ciencia con el proyecto Scifund, que nació hace unos meses en los Estados Unidos pero que se extiende a todo el mundo, y en el que han participado tres proyectos con representación española.

Lorenzo de Medici

MECENAS Se dice de ellos que permitieron a Donatello colocar una cesta repleta de dinero a la entrada de su taller. De allí sus ayudantes podían coger todo lo que necesitasen. También que Miguel Ángel aprendió a esculpir en sus jardines en Florencia, y que Leonardo da Vinci fue su protegido durante años. Eran los Médici, los más famosos mecenas del Renacimiento. Y aunque su apellido comparta iniciales, el término proviene de Cayo Cilnio Mecenas, un noble romano del siglo I a. C. que prestó su ayuda para que Horacio o Virgilio, entre otros, compusieran sus obras.

Mecenas artísticos modernos sigue habiendo, como los Guggenheim. Pero también existen, en mayor o menor medida, “protectores” de la ciencia: los Rockeffeller, con su universidad y su instituto de investigación, en pleno Manhattan; Bill Gates y su ayuda a la vacuna contra la malaria o, más cerca, Esther Koplowitz con su aportación a la fundación Clínic y al centro que lleva su nombre, en Barcelona. Sin embargo, la suma de esas aportaciones a las destinadas por los estados sigue siendo insuficiente. Por eso hay quien ha decidido apostar por las nuevas tecnologías y las redes sociales para paliar, en la medida de lo posible, esta situación. Aprovechar lo que se conoce como el crowdfunding, micromecenazgo o financiación en masa.

CROWDFUNDING El funcionamiento del micromecenazgo es simple: se basa en diseñar un proyecto, darlo a conocer y pedir a quien lo considere interesante que participe económicamente para llevarlo adelante. La cantidad aportada la escoge cada uno de los pequeños mecenas, que a cambio recibirán pequeñas recompensas, según su contribución. El crowdfunding lleva más de 10 años implantado en Estados Unidos. En España es mucho más reciente (los Pirineos, ya se sabe), y está representado fundamentalmente por los portales Lánzanos y Verkami. Uno de los proyectos más apoyados ha sido el de la película ´El Cosmonauta´, que ha recibido más de 400.000 euros. Sin embargo, como en el caso de los mecenas renacentistas, la mayor parte de iniciativas son artísticas. Tan sólo un proyecto científico ha conseguido financiación hasta la fecha: el de fabricar un computador biológico mediante modificaciones de bacterias, presentado por la Universidad de Sevilla. Ahora, como si de una idea de cultura 3.0 se tratase, dos americanos han tratado de recortar esas distancias mediante el reto Scifund (Science funding).

 

“Proyecto” de estatua de Robocop en Detroit

EL RETO SCIFUND: MECENAS DE LA CIENCIA Jarret Byrnes y Jai Ranganathan son dos investigadores estadounidenses muy aficionados a las redes sociales. Ambos se indignaron cuando vieron que, en mitad de los recortes a la ciencia, iniciativas como la de construir una estatua de Robocop en pleno Detroit eran ampliamente apoyadas en plataformas de financiación popular. Entonces decidieron crear Scifund, un proyecto de apoyo a la ciencia que alojaron en una de las mayores redes americanas de Crowdfunding, la llamada RocketHub. Los objetivos eran varios: recaudar fondos para proyectos de investigación, crear un nicho de científicos de todo el mundo que colaborasen entre sí y también, pero no secundario, mostrar de forma divulgativa los distintos proyectos presentados, acercarlos a la sociedad.

El funcionamiento de Scifund es semejante al del crowdfunding, con la particularidad de que los proyectos debían incluir una explicación que fuera accesible para los posibles mecenas, tanto en texto como en vídeo. Además, se ofrecería un seguimiento público de los resultados de sus trabajos. Una diferencia con la plataforma Lánzanos es que no se necesitaba llegar a la cifra objetivo para obtener el dinero, aunque habría una pequeña penalización en caso de no alcanzarla. ¿Los resultados? Se presentaron más de 240 solicitudes, de las que 49 fueron finalmente expuestas. En total, y hasta el 15 de diciembre, fecha en que finalizó el plazo, se recaudaron más de 75.000 dólares a través de 1440 donaciones individuales, y 10 de los proyectos alcanzaron su objetivo. Las cifras no son desorbitantes, pero sí prometedoras: hay que tener en cuenta que se trataba de la primera iniciativa de este tipo, y que en general no se trataba de costear un trabajo completo de investigación, sino de buscar financiación complementaria.

 

LOS PROYECTOS De los 49 proyectos, la mayoría tenían que ver con la biología, y en concreto con la ecología. “Cosas de las redes sociales”, reconocen sus creadores, ambos ecólogos. Y entre ellos había tres con representación española, que han tenido una suerte dispar. El proyecto: “¿Cáncer? La levadura tiene respuestas”, de Marisa Alonso Núñez, fue el único de ellos que superó la cifra objetivo, recaudando 2835 dólares. Las otras dos propuestas con tinte nacional fueron: “¿Podemos salvar el parque de Collserola?”, de Jorge Mederos y “Chlamystress”, de Luis Valledor (sobre la optimización de los cultivos de algas para la producción de biocombustibles). La recaudación dependió en gran medida de la difusión lograda. Como confiesa Marisa Alonso: “traté de explicar mi proyecto a través de las redes sociales, y apareció también en algunos pequeños medios tradicionales”. Pero de entre todos el que más apoyos recibió fue una propuesta americana destinada a investigar, mediante análisis de ADN, las formas de vida de los esclavos romanos. Consiguió más de 10.000 dólares, y seguramente influyó, no sólo el interés del trabajo, sino también el haber sido difundido a través del canal CNN.

 

TAMBIÉN LA DIVULGACIÓN No sólo los proyectos científicos caben en el crowdfunding, también la divulgación. Un ejemplo es el del grupo Amazings, que sacó adelante su revista gracias a Lánzanos. O el de TARACEA, una iniciativa de la FECYT (Fundación Española para la Ciencia Y la Tecnología), que busca aunar fondos públicos con los del mecenazgo para llevar adelante proyectos divulgativos. Un caso algo distinto es el de Ed Yong, conocido bloguero británico. Yong se sintió sorprendido y avergonzado por la calidad de algunos textos divulgativos que encontraba en la red y que habían sido escritos sin ningún tipo de contraprestación, por mero amor al arte. Por eso decidió que cada mes escogería diez de ellos, los apoyaría económicamente y los publicitaría para que los lectores que también quisieran contribuir pudieran hacerlo. Puede resultar ingenuo, pero es algo parecido a lo que hizo el grupo Radiohead: durante 3 meses de 2007 permitieron la descarga libre de su disco In Rainbows, dejando que cada usuario aportase la cantidad que desease (incluyendo no pagar nada). Pues en ese tiempo se descargaron más de 1 millón de copias, y la media aportada fue de entre 5 y 8 dólares. Es decir, una recaudación de más de 5 millones de euros en sólo tres meses.

LOS FLORENTINOS Como toda iniciativa incipiente, el micromecenazgo conlleva riesgos. Uno de ellos, particularmenteintuitivo, es el del posible fraude: emprendedores que recauden fondos para proyectos inexistentes, sin ir más lejos. Pero como dice Marisa Alonso, ante nuevas convocatorias “las soluciones habrá que ir implantándolas a medida que los problemas aparezcan”, casi como si de un ser vivo se tratase. En cualquier caso, su existencia supone ya una ampliación del paradigma. Es como si Miguel Ángel, después de visitar a los Médici, saliera a un balcón florentino, enseñara sus bocetos, y pidiera ayuda a Florencia.

LOS PROYECTOS (“ESPAÑOLES”) 

A- ¿Cáncer? La levadura tiene respuestas (Marisa Alonso Núñez)

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Marisa Alonso es una farmacéutica astorgana que actualmente investiga procesos cancerígenos con levaduras en el Instituto Paterson, en Manchester. En el vídeo de su proyecto compara ambas ciudades buscando un símil entre las levaduras y los humanos: Astorga (las levaduras) es más pequeña y en cierto modo más simple que Manchester (los humanos), pero en esencia su funcionamiento y organización son semejantes, por lo que estudiar la primera puede servir para saber más de la segunda. En el fondo, es lo que hizo Paul Nurse, premio Nobel de Medicina en 2001. Nurse identificó en levaduras el papel de las quinasas dependientes de ciclinas, unas proteínas encargadas de controlar la división celular (y cuyo descontrol favorecía el desarrollo de cáncer). Además demostró que eran similares en todas las células eucariotas, incluidas las humanas. Alonso trabaja con la llamada polo-quinasa, una proteína necesaria para que las citadas quinasas ejerzan su acción, y para la cual ya se prueban fármacos inhibidores que parecen mostrar una cierta acción antitumoral.

“Ante la situación de crisis decidí presentar el proyecto en Scifund”, cuenta. “El objetivo era, por un lado, dar a conocer el proyecto e involucrarme en esta nueva forma de financiación. Por otro, tratar de obtener dinero para comprar anticuerpos contra proteínas que influyen en el comportamiento de la polo-quinasa, particularmente caros pero necesarios para la investigación”. Había pedido 2500 dólares, y tras dar a conocer su proyecto obtuvo 2835, procedentes de 63 donaciones individuales. Sin embargo, la crisis pasa factura. En unos meses termina su contrato y, de momento, deberá buscar un nuevo empleo alejado de la investigación.

B) ¿Podemos salvar el parque natural de Collserola? (Jorge Mederos)

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“El parque de Collserola, a un paso de Barcelona, ocupa 8500 hectáreas y es unas 22 veces más grande que Central Park, en Nueva York”, comenta Jorge Mederos. “Además, es muy rico en biodiversidad, a pesar de estar amenazado por la urbanización”. Mederos, biólogo cubano, reside en Barcelona desde 2001 y es investigador externo del Museo de Ciencias Naturales de la ciudad. Pero este proyecto es personal, y nada tiene que ver con su empleo oficial. Desde 2009 dedica las horas libres a estudiar el estado del parque, de forma ante todo individual, aunque cuenta con la ayuda de varios voluntarios a los que dice “haber enamorado”.

El proyecto pasa por recoger información sobre los insectos que habitan el parque, con el fin de obtener “una visión de su estado de conservación y de establecer protocolos de actuación en caso de detectarse un deterioro. Además, pretendemos crear herramientas predictivas de cambios y conocer sus posibles implicaciones en la vida de las personas de una gran ciudad como Barcelona”. Para ello ha conseguido construir una pasarela de 35 metros de longitud uniendo las copas de las principales especies de árboles del parque. Esto ha permitido estudiar con mayor facilidad las poblaciones de insectos que las habitan.

Mederos conoció Scifund a través de Twitter, al leer un mensaje de uno de los organizadores. Consiguió recaudar 1075 dólares procedentes de 26 donaciones individuales, y no duda en afirmar que “resultó un tremendo éxito para la ciencia en general y para los que participaron del experimento en particular.”

C) Chlamystress (Luis Valledor)

Dentro de los biocombustibles se distinguen tres tipos de generaciones. La primera es la que usa alimentos para su obtención. Los de la segunda proceden de cultivos no alimenticios, como la planta jatropha, mientras que los de tercera generación se extraen de las algas, que como afirma Luis Valledor “son mucho más eficientes, además de que pueden crecer en prácticamente cualquier lado.”

Valledor se doctoró en biología en la Universidad de Oviedo, pero actualmente trabaja en Viena. Tanto él como su equipo estudian las rutas por las cuales las algas producen más azúcar y más grasas – más fuentes de biocombustibles – cuando se estresan (lo que, en su caso, puede equivaler a perder nitrógeno). Dentro del convulso esquema que rige dichas rutas, han identificado factores que parecen claves en su regulación. En caso de confirmarse, podrían introducirse en los cultivos de algas para que éstas fabricaran combustible con más eficiencia y velocidad. Preguntado por la financiación de esta etapa del proyecto, Valledor afirma que tienen dinero “para comprar los reactivos necesarios, pero no para el software informático, que es imprescindible”. Durante la campaña Scifund su propuesta apenas consiguió recaudar 220 dólares, pero reconoce que no pudo dedicar el tiempo necesario para darla a conocer: “el tiempo es limitado y hay que establecer prioridades. Scifund coincidió con una mala época porque se cerraban convocatorias de proyectos europeos y nacionales, y hay que invertir bastante tiempo en política, en la redacción de las propuestas, en preparar publicaciones… Porque eso es lo que realmente te da de comer.”

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Si quieres seguir leyendo sobre el tema, una ampliación de este artículo fue publicada junto con Pilar Perla en el blog De Cero a Ciencia. Incluye nuevas noticias relacionadas con el crowdfunding y la ciencia, como campañas para la investigación de la diabetes, el síndrome de Rett o los proyectos para una nueva ley de mecenazgo.

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

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  4. […] sido organizado por familares de pacientes con lesión medular. Su propósito es recaudar mediante crowdfunding unos 700.000 euros, necesarios para llevar a cabo un ensayo clínico con 5 pacientes. Dicho ensayo […]

  5. […] * Ver el artículo: Crowdfunding en la ciencia. Los pequeños mecenas del siglo XXI. […]

  6. […] * Ver el artículo: Crowdfunding en la ciencia. Los pequeños mecenas del siglo XXI. […]

  7. VEAN EL BLOG DE sangretroyana blogspot.com o por google LAS FALACIAS DE KURT GODEL Y COMPRENDERAN ¡¡¡PORQUE ESTA ERRADO EL CELEBRE TEOREMA.UN SALUDO JUAN
    NECESITO UN MECENAZGO POR EL TRABAJO QUE HE HECHO Y LO QUE PUEDO HACER

  8. […] sido organizado por familares de pacientes con lesión medular. Su propósito es recaudar mediante crowdfunding unos 700.000 euros, necesarios para llevar a cabo un ensayo clínico con 5 pacientes. Dicho ensayo […]

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