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Irisina: un mensajero del ejercicio

Los múltiples beneficios que aporta el ejercicio apenas generan ya ninguna duda. Pero la forma en que nuestro cuerpo traduce en ventajas el movimiento es todavía bastante desconocida. Ahora, científicos de Harvard, en Boston, han identificado uno de esos mensajeros y lo han bautizado con el mitológico nombre de irisina, en honor a Iris, la mensajera de los dioses griegos.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario Público, el día 21/01/2012 con el título: “Un mensajero contra la obesidad”.

Los múltiples beneficios que aporta el ejercicio apenas generan ya ninguna duda. Pero la forma en que nuestro cuerpo traduce en ventajas el movimiento es todavía bastante desconocida. Ahora, científicos de Harvard, en Boston, han identificado uno de esos mensajeros y lo han bautizado con el mitológico nombre de irisina, en honor a Iris, la mensajera de los dioses griegos. Esta hormona es capaz de convertir grasa blanca (o grasa considerada “mala”) en grasa parda (o buena), y abre la puerta a nuevos tratamientos contra la diabetes o la obesidad.

Desde hace unos años se sabía que, con el entrenamiento, los músculos producían grandes cantidades de una molécula llamada PGC1-α, lo que los hacía mucho más eficaces y resistentes. Pero, además,  los ratones que tenían grandes cantidades de PGC1- α vivían más tiempo y solían estar más delgados que los demás. Teniendo en cuenta que PGC1- α  no puede salir del músculo, algo tenía que estar haciendo más allá de él para que todo esto tuviera lugar. “Sabíamos que el ejercicio le habla a varios tejidos del cuerpo”, señala Bruce Spiegelman, autor principal del estudio, “lo que no sabíamos es cómo”. Los investigadores buscaron los candidatos que con más probabilidad estuvieran actuando como mensajeros o traductores y, tras numerosas pruebas y contrapruebas —que ahora han sido publicadas en la revista Nature—, determinaron que la irisina era la molécula que perseguían. Comprobaron que PGC1-α aumentaba la cantidad de irisina, que ésta podía liberarse fuera del músculo y que cuando se aumentaba su cantidad en ratones obesos y diabéticos éstos mejoraban de ambas patologías en comparación con los demás animales. Además, vieron que en humanos el ejercicio también la aumentaba y que su acción se explicaba porque ayuda a que la grasa blanca se parezca a la grasa marrón, o grasa parda.

Los contrarios Si todo tiene su contrario, la grasa no iba a ser menos, sólo que en este caso parece llevar su mismo nombre. El acúmulo de grasa blanca es altamente perjudicial para la salud, pero la grasa parda tiene características muy diferentes. Su finalidad es producir calor (de hecho se activa con el frío), y para ello quema una gran cantidad de calorías, contribuyendo a adelgazar y a mejorar numerosos procesos metabólicos. Hasta hace poco se pensaba que este tipo de grasa sólo estaba presente en los bebés, pero varios estudios publicados en 2009 demostraron que en los adultos todavía pueden existir pequeños acúmulos, especialmente alrededor del cuello. La irisina liberada por el ejercicio actuaría sobre la grasa blanca, haciendo que ésta adquiriera algunas características de la grasa parda, en cierto modo coloreándola. Esto justifica su acción adelgazante y antidiabética, y además explicaría por qué el ejercicio continúa quemando calorías incluso tiempo después de haber finalizado. Por todo ello, los investigadores que la acaban de descubrir ya están tratando de desarrollar un fármaco a partir de ella. Éste podría ayudar en casos de obesidad resistente, en el control de la diabetes o a aquellas personas imposibilitadas para realizar ejercicio físico. Y no esperan tardar mucho en obtenerlo, ya que se trata de una sustancia natural y además es 100% idéntica a la de los ratones. Pero hay otros beneficios que aporta el ejercicio que no siguen esta vía, como los que ofrece sobre la tensión arterial, la ansiedad, la depresión o sobre los propios huesos y articulaciones, entre otros muchos. También por eso “es importante dejar claro que no estamos tratando de sustituir la dieta y el ejercicio”, puntualiza Spiegelman.

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

  1. Me parece interesantísimo el asunto, no tenía ni idea sobre el tema.

    Una pregunta, sobre el PGC 1-alfa, ¿conoce algún blog de divulgación dónde se haya hablado sobre su actuación? ¿o para informarnos mejor solo podemos buscar los artículos científicos?

    Saludos y enhorabuena por la entrada.

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