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¿Comemos información? Hallado ARN de plantas en humanos

Científicos chinos han visto que en nuestro interior también tenemos ARN vegetal, concretamente un tipo de ARN conocido como microARN. Es decir, que cuando comemos verduras, o cereales, por ejemplo, algo tan intrínseco de ellos pasa a formar parte de nosotros, y además sigue actuando en nuestro interior.

Publicado también en e-ciencia.com y en el blog 20000caligrafias

Hay dos cosas de las que cada día podemos estar más convencidos: que no estamos solos y que somos lo que comemos.

Ahí vamos.

Plantas de arroz

Que somos lo que comemos resulta cada vez más evidente. No sólo está que la dieta influya en nuestro desarrollo o en la salud del corazón, por ejemplo, es que también se relaciona con el estado de ánimo o incluso con las probabilidad de padecer diferentes tipos de cáncer. Es más, parece confirmarse que lo que comemos puede afectar incluso a nuestros hijos futuros, y que nietos de abuelos obesos tienen más probabilidades de ser diabéticos, llegado el momento. Ahora, un nuevo estudio ha dado un paso más: científicos chinos han visto que en nuestro interior también tenemos ARN vegetal, concretamente un tipo de ARN conocido como microARN. Es decir, que cuando comemos verduras, o cereales, por ejemplo, algo tan intrínseco de ellos pasa a formar parte de nosotros, y además sigue actuando en nuestro interior. O lo que es lo mismo, y como ellos afirman: que se produce una auténtica comunicación “inter-reinos”. Nada menos. Pero, ¿qué es exactamente el microARN?

Empezando por un lado del tejado, el microARN (o, en general, el ARN de interferencia) es la molécula por la cual Andrew Z. Fire y Craig C. Mello ganaron el premio Nobel de Medicina en el año 2006. Si empezamos por los cimientos, deberíamos recuperar la vieja metáfora del libro y el ADN.

Los microARNS “silencian” al ADN

El ADN es, en esencia, un conjunto de letras que deben ser traducidas para ser entendidas, y entenderlas significa, en este caso, fabricar proteínas. El traductor es, en general, una molécula muy parecida pero a la vez diferente del ADN, el ARN. Hay diferentes tipos de ARN, de los que se conoce bastante bien su función. Pero hasta principios de este siglo se desconocía qué pintaban exactamente los microARNs. De hecho eran tan pequeños que, en general, se pensaba que no servían básicamente para nada. Ahora se sabe bastante más. Los microARNs son parte de los llamados ARNs de interferencia, y lo que hacen es oponerse al ARN tradicional. Viajan por el interior de la célula y cuando encuentran algún ARN que sea parecido a ellos surge una especie de atracción que hace que se unan a él e impiden que ejerza de traductor. Es decir, evitan que participe en la construcción de la proteína de la que estaba encargado. Y su importancia no deja de ir en aumento: se sabe que participan en la diferenciación de los tejidos (contribuyen a que el estómago sea el estómago y el pulmón un pulmón, por ejemplo), que si se alteran pueden influir en el desarrollo de cáncer y de enfermedades cardiovasculares, y ya se está investigando su papel en el diagnóstico (y también en el tratamiento) de todo un abanico de patologías.

Pero vamos a las plantas. Vamos al estudio chino.

El responsable de la investigación había comprobado hace unos años que en la leche, donde no hay células, había sin embargo pequeños ARNs. Esto quería decir que, de alguna manera, habían llegado hasta allí y que además se mantenían estables – cosa difícil cuando de ARN se trata: una molécula de lo más delicada que es el quebradero de cabeza de muchos laboratorios en todo el mundo -. Entonces se planteó lo que él define como la ´loca idea´ de buscar ARN de vegetales en humanos. Mediante una técnica que permite diferenciar nuestros microARNs (y los del resto de animales) de los de las plantas, seleccionó a un grupo de voluntarios y comprobó que en su sangre había más de 30 tipos de microARNs conocidos que provenían de las plantas. Eso ya lo tenía claro. Pero el estudio continuó: de entre todos éstos, escogíó el microARN mayoritario para proseguir la investigación, el llamado MIR168a, que, curiosamente, es especialmente abundante en el arroz, pero ya sabemos lo que se suele comer en China. Las conclusiones a las que llegaron, tras un arduo estudio que ha sido publicado en Cell Research y que incluye más de 20 páginas llenas de figuras y resultados son:

–         Que MIR168a está presente en la sangre de los chinos, y no en cantidades despreciables. Y que cuando se daba una dieta rica en arroz a ratones, en su hígado se encontraba en concentraciones similares a las de los microARNs más importantes. Que, por lo tanto, no se trata de una aguja en un pajar, sino que puede que sea parte del pajar. Que, en cierto modo, puede que estemos comiendo información.

–          Que los microARNs de las plantas resisten, no sólo el calor del cocinado, como ya se sabía, sino todos los procesos de digestión. Y esto no es sencillo. Hay que tener en cuenta que nadie pilla un cáncer por comer carne con cáncer.

–         Que se transportan por microvesículas, una especie de pequeñas bolsas que los protegen, que hacen que puedan llegar también a los órganos (esto se ha visto con animales) y que incluso incrementan su función al concentrarlos.

–       Que realmente parecen tener un papel. Que, en cierto modo, y exagerando el posible titular, “las plantas nos controlan”. En concreto, el MIR168 del arroz impide que se forme una proteína encargada de retirar de la sangre el llamado “colesterol malo”, el colesterol LDL. Esto se ha visto en ratones y en cultivos celulares, todavía no se ha demostrado en humanos, y además no quiere decir que comer arroz sea perjudicial: a la vez que ejerce este papel está desempeñando un montón de ellos más, pero lo que queda claro es lo siguiente:

–         Que, de confirmarse – han surgido voces reticentes, como la de Petr Svodoba, investigador en genética molecular en la República Checa, que aunque valora muy positivamente el descubrimiento opina que aún está lejos de demostrarse una influencia real en humanos -, este estudio abriría la puerta a nuevos y numerosos planteamientos. Uno sería, como dice el responsable del estudio, el poder empezar a considerar a estos microARNs como si fueran nuevos nutrientes, como si de vitaminas o minerales se tratasen. Otro sería el hecho de que podrían llegar a valorarse como posibles marcadores de salud o enfermedad. Pero también está que se conoce cómo crear antiARNs. Es decir, que si sabemos de alguno perjudicial en particular, podría tratarse con su contrario y evitar su acumulación.

–          Y no, no nos hemos olvidado. Otra cosa que queda clara es que no estamos solos.

Y no, no se trata de que vivamos en comunidad y demás hechos del todo obvios. Se trata de que en lo más íntimo de cada uno de nosotros no estamos solos, si es que hay un yo íntimo. Me explico:

Está el hecho de que por cada célula propiamente humana en nuestro cuerpo hay hasta 9 que son bacterias. Que éstas pueden pesar hasta 2 kilos – lo que se conoce como el microbioma -, y que parecen tener que ver, no ya sólo con la digestión sino también con la obesidad, la ansiedad o hasta el autismo. Que yendo un poco más al detalle, en cada una de nuestras células tenemos mitocondrias, unos pequeños orgánulos que son auténticos pulmones celulares y que en el fondo no son más que una bacteria que una de nuestras células incorporó en algún momento hace ya tanto tiempo. Y aún más, gran parte de nuestro ADN son en realidad partes de virus que se han incorporado a él. Y que siguen allí. Y ahora resulta que algo que lo controla, como son los microARNs, viene en parte de las plantas que comemos y que también campan por nuestro interior.

Todo eso.

Que no es poco, ¿no?

Publicado por Jesús Méndez

Escritor y periodista científico. MD, PhD

  1. Una pregunta que puede surgir al leer el post es si también pueden pasar microARNs de animales a humanos. Confieso que no he encontrado literatura al respecto. La técnica que usan en este estudio sólo permite distinguir los procedentes de vegetales respecto a los de animales…

  2. mm

    Gracias por la aclaración!

  3. […] Descubren ARN de plantas en humanos dixitciencia.wordpress.com/2011/10/05/descubren-arn-de-pl…  por tenaciousdee hace nada […]

  4. Esta puerta abierta nos deja asomarnos por mil hipótesis. Me parece extraordinario y silencioso, como las mismas plantas. Gracias por compartirlo!

    1. Cierto, habrá que esperar a ver hasta dónde se llega, pero el sólo hecho de que ocurra ya es un hecho sorprendente. Muchas gracias a ti…

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